The Final Table, una competencia culinaria que nos conquistó con sus innovadores participantes, puso bajo el reflector a dos talentosos cocineros que supieron hacer la diferencia a través de su honesta filosofía culinaria.

Se trata del chef ecuatoriano Rodrigo Pacheco y del artista culinario colombo-francés Charles Michel. Una pareja que demostró —con sus habilidades técnicas y artísticas— que para ser un verdadero cocinero, lo más importante es tener pasión por la cocina, respeto y amor por los productos con los que se trabaja.

¡Pero basta de introducciones! De aquí en adelante, ellos te lo contarán todo. Tuvimos la oportunidad de conversar con este excepcional dúo y no desaprovechamos la oportunidad para preguntarles 10 cosas que siempre quisimos saber, y seguro tú también.

¡Aquí van!

1.- ¿Cómo se hizo la selección de parejas para competir en The Final Table?

Rodrigo: Buscaron en los lugares más recónditos del planeta, entre muchos cientos de chefs, indagando historias y personajes. Así fueron acortando el casting hasta llegar a 50 chefs en Los Ángeles, donde viajamos todos sin saber si íbamos a participar. Después fuimos seleccionados 24 chefs, conformando 12 equipos. Charles les puede explicar por qué fue esa selección.

Charles: El primer contacto que hizo Netflix fue hablar con food bloggers y preguntarles por personas que estuvieran realmente innovando en el mundo culinario, que no necesariamente eran chefs consagrados o con tres estrellas Michelín.

A todos nos preguntaron cuál sería la pareja ideal para participar en esta competencia y los dos nos nominamos mutuamente. Entonces ahí fue que hicieron el match. Hubo gente que nominó a su pareja ideal pero no se la dieron ya que las dos personas debían tener una historia válida y ser complementarias. Fueron muy exigentes sobre todo en cuanto a la historia de cada uno.

The Final Table, Foto Independent
The Final Table, Foto Independent

2.- ¿Cuáles creen que son las ventajas y desventajas de participar en una competencia culinaria como equipo y no de manera individual?

C: Diría yo que el 90% son ventajas. En mi opinión personal serían: conocerse, avanzar más rápido, confiar en el otro para poder —uno mismo— expresar más profundidad en su pensamiento. También el compañerismo y tener un amigo con quien contar.

Era muy diferente para los otros que además de todo tenían que volverse amigos “a las malas” más o menos, porque les tocaba. En cambio, nosotros ya teníamos un bagaje y habíamos hecho algunas batallas juntos. Ya nos conocíamos en situaciones de alta presión.

R: Para mí la cocina es muy poco individual, en general. Ha habido pocos compromisos en los cuales me ha tocado desempeñarme totalmente solo en una cocina. Entonces, de partida, el hecho de trabajar en colaboración con alguien es una ventaja. ¿Cuándo se vuelve una desventaja? Cuando los dos colaboradores empiezan a competir entre ellos. No fue el caso entre nosotros, pero esa hubiera sido la única desventaja.

Pienso que todas las parejas de The Final Table llegaron a donde llegaron por el trabajo de ambos. Ahí se puede ver claramente lo importante que es el trabajo en equipo para lograr la buena cocina.

3.- ¿Cuál fue el reto más complicado que tuvieron que afrontar en The Final Table como pareja?

R: Pienso que de lo más difícil fue en algún momento mantener la armonía entre nosotros, durante el trabajo, en el proceso creativo. Hubo momentos en que fluía rápidamente y otros en los que había diferencias. Eso también repercutía después, en el momento de la competencia, porque si no teníamos una idea totalmente amiga en el papel no la íbamos a tener ahí tampoco.

Pero luego, esto se transformó en algo positivo y tuvimos la oportunidad de cocinar para algunos renombrados chefs.

C: Personalmente, creo que ese momento fue antes de entender realmente de qué se trataba el show, es decir, antes de empezar a filmar los primeros episodios y comprender por qué estábamos ahí. Teníamos una plataforma e íbamos a poner en riesgo nuestra reputación, pero también podíamos convertir eso en una herramienta, y eso fue lo que hicimos.

Durante el show, el reto era mantener la calma, la compostura y la distancia a ciertas experiencias que eran muy difíciles. Por el manejo interno, estábamos 18 horas en el stage, para estar esperando nueve horas, para luego correr dos horas. Después esperar otras cuatro, para luego correr otras dos horas y estar ahí en medio de una maquinaria gigantesca de producción.

Charles Michel, artista culinario, Video Humentu

4.- Fueron uno de los equipos con más química y fluidez en la competencia. ¿Qué creen que marcó la diferencia en comparación a otros equipos?

C: Yo creo que hay algo que nos une más que a cualquier otro equipo y es que nuestra misión es muy similar. Muchos de los cocineros ahí, unos iban para defender la cocina de California y otros para defender la cocina japonesa en Canadá. No tenían la misma misión. Eso quiere decir que de alguna manera u otra, todos estaban juntos hasta llegar al final, para luego mostrar su visión personal.

Mark y Shane si estaban muy conectados en ese sentido porque los dos estaban en volver a lo básico de la gastronomía, a valores muy bonitos que supieron poner en movimiento.

R: Cuando se trabaja por el mismo propósito ya no es trabajo, es una oportunidad. Entonces ese mindset fue la línea de vida que nos mantuvo en la competencia.

¡SPOILER ALERT! (Si aún no has visto todos los episodios de The Final Table, te sugerimos retomar el artículo, desde aquí, una vez que lo hayas hecho. No queremos arruinarte la emoción).

5.- ¿Qué hubiera sucedido si llegaban a la final y les tocaba enfrentarse el uno con el otro?

R: Hubiera sido increíble porque no importaba quién gane, hubiera sido un momento bueno para cualquiera, solo haber estado en la final. Pero, como se dieron las cosas, igual fue también una competencia entre todos los participantes, contra los jueces, contra los chefs, ¡todo era competencia ahí! Todo el mundo quería defender su nombre y apellido, de alguna manera.

La consecuencia, en nuestro caso, fue buena porque seguimos trabajando y hacemos proyectos para transmitir nuestro mensaje, tal como lo hicimos —de principio a fin—, en la competencia.

C: A mí me hubiera encantado llegar a esa final. Los dos hubiéramos estado felices de tener la oportunidad de mostrar nuestra filosofía, solos. O él o yo, pero definitivamente hubiéramos hecho algo muy bonito.

Tuvimos tiempo de pensar y diseñar ese plato. Antes del capítulo de Francia ya teníamos el pedido hecho por si pasábamos. Ya nos habían tomado hasta las medias para el uniforme y todo, ya estábamos listos.

Charles Michel y Rodrigo Pacheco, Foto Humentu
Charles Michel y Rodrigo Pacheco, Foto Humentu

6.- ¿Y nos pueden contar qué platos planearon para la final?

C: En la final mi idea era llevar el concepto de arte total a un plato y resumir toda la filosofía científica, el tema de Zeitgeist, de lo que está sucediendo en nuestro tiempo con el cambio climático, mi investigación sobre el fututo de los alimentos y la parte estética: todo resumido en un plato que simbolizaba una cosmovisión.

Había conseguido algunos ingredientes que no están en el mercado todavía, como la clorela, una microalga que puede convertir dióxido de carbono en alimento, más rápido. Ese era mi plan, está dibujado y si me gustaría algún día producirlo.

R: Mi plato final iba a ser la mandíbula del huayaipe, el pescado que, según yo, después del atún —que no utilizo hace muchos años porque está en extinción— es uno de los mejores del mar. Quería usar el “collar” del huayaipe porque tiene una gran cantidad de colágeno. Además, su cocción lenta me permitiría trabajar de mejor manera las guarniciones y luego tener un pescado perfectamente cocido.

También tenía pensado usar ingredientes de la huerta de aquí (de BocaValdivia), con los cuales yo me sentía súper familiarizado. Quería elaborar un plato que pueda lograr muy bien, más que una idea genial sin buena ejecución. Mi intención era mucha técnica, mucha precisión en las cocciones, en la sazón y la presentación. Cada vez me sentía más identificado cuando cocinaba para los chefs que para los jueces, claramente. Entonces esa era mi oportunidad de expresarme, pero ejecutando correctamente.

7.- ¿Cuál es la cualidad fundamental que cada uno aporta al equipo cuando cocinan juntos?

R: Depende del plato y de la emoción. A veces uno le aporta la tierra y el otro la parte cósmica, pero siempre hay ese balance. En una cocina como esta en la que nada queda escrito porque no hay recetario, es una danza constante.

C: Para mí, Rodrigo le aporta un rigor, una disciplina y un tema de integridad. Yo me la paso viajando por todo el mundo y Rodrigo vive un estilo de vida inspirador que transmite autoridad por la sabiduría y conexión directa con los elementos y la naturaleza.

Algo bueno que aporto es motivación e inspiración para las personas que están en el mundo de la cocina. Me importa enaltecer el propósito de las personas en lo que sea que estén haciendo.

8.- Si la comida es un lenguaje, ¿cuál es su palabra favorita?

C: El hambre.

R: Love.

9.- ¿Qué es lo que más disfrutan hacer juntos además de cocinar?

R: Cuando me acompaña a surfear, como hoy lo hará, surfear. Pero también hay momentos de relax total, de molestarnos, de hacer bromas. Y también hay otros momentos culturales, no sé, es una amistad como cualquier otra.

Rodrigo Pacheco y Charles Michel, Foto Humentu
Rodrigo Pacheco y Charles Michel, Foto Humentu

También por el tema del trabajo que tenemos ya de varios años, se pueden compartir más actividades. Hay tipos de amigos con los que solo compartes algo muy preciso: el deporte, la fiesta… Pero Charles es multipropósito, es como una navaja suiza, se lo puede llevar a cualquier parte (ríe).

Rodrigo Pacheco, Chef BocaValdivia, Foto Humentu

C: En cambio Pacheco es un machete (ríen ambos).

Para mí es el llamado a la aventura, el call to adventure. Ir a surfear sin haber revisado las mareas —y con unas olas gigantescas que te matan—, ir al huerto o inventarse algo nuevo, llevar la sala o el horno al arrecife, que es toda una aventura.

10.- ¿Tienen planes concretos como equipo para el futuro?

R: Desde el trabajo que hemos hecho en Netflix se han dado diferentes tipos de propuestas en muchos lugares, y muchas de esas se van a llevar a cabo. Son misiones de distintos tipos: cocinar, inspirar a otras personas en diferentes lugares. Hay una agenda de por medio, entonces podemos seguir pensando en hacer proyectos a futuro.

C: Primero que todo, la amistad. Hay etapas que han puesto la amistad a prueba y aquí seguimos con un propósito muy alineado. Ya sea con experiencias en BocaValdivia o en otro lugar del mundo, nos gusta utilizar la comida como herramienta medicinal y educacional. Entonces, donde sea que aparezca la oportunidad, colaboraremos para transmitir ese mensaje.

Así son Rodrigo y Charles, un equipo que ha construido una amistad basada en la cocina sustentable, el respeto a la naturaleza, una filosofía de cocina ancestral y mucha admiración. Nosotros seguiremos de cerca sus próximas aventuras y te lo contaremos todo, al mejor estilo foodie.

Para terminar, te compartimos un inspirador mensaje sobre el futuro de la gastronomía latinoamericana, que nos dejó Charles:

Yo soy colombiano de madre, pero no me siento menos ecuatoriano, venezolano… Creo que todo este tema de las divisiones nacionalistas basadas en fronteras, están un poco antiguas. Acá el Pacífico nos une con Perú y con Colombia, y hasta en un punto de vista cultural hay una unión ahí. Los Andes nos unen desde la Patagonia hasta Panamá. El Amazonas une Brasil, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador.

Yo creo que esos denominadores comunes, que vienen siendo tesoros naturales, podrían ser mucho más poderosos a nivel de identidad que ‘peruano’, ‘ecuatoriano’, ‘colombiano’, ‘venezolano’ o ‘brasilero’.

Me parece interesantísimo ir explorando más el tema de los ecosistemas, de las maravillas naturales. En particular esta zona -donde tenemos todos los climas del mundo- viene siendo, por la gran biodiversidad y a la influencia de todas las culturas que han venido a este lugar, una de las potencias gastronómicas más grandes del mundo. Pero solo si pensamos desde el tema continental, andino, pacífico y amazónico; más allá de simplemente estar pensando que el ceviche ecuatoriano es mejor que el peruano, o que la arepa es de Venezuela y no de Colombia, eso no tiene nada que ver. En cambio, ver esas uniones es algo muy poderoso”.

Charles Michel, artista culinario, Video Humentu